Exitoso Concierto de los Tres Tenores

¡Qué alegría da ver el cartel de “NO HAY LOCALIDADES”  en las taquillas del teatro!. Y ya van tres: La primera con LA TRAVIATA por la Compañía de Opera de Ucrania el pasado mes de Agosto, la segunda con el CORO YOUSEI de Japón y la soprano Miki Mori, y en esta ocasión con  el Concierto de Año Nuevo por la ORQUESTA SINFONICA DE LA RADION NACIONAL DE KIEV, y los TRES TENORES, todos ellos bajo la magistral batuta de Vladimir Sheiko.
 

 

         El concierto fue sencillamente redondo, sin rincones que ensombrecer sino todo luminoso, diáfano, brillante. Vladimir Sheiko es un director sobre todo riguroso, mas muy ameno, que llega al público y que da la impresión de que no está haciendo ningún alarde, aunque en realidad toda su actuación es eso: un alarde de conocimiento, de gusto exquisito para saber leer lo que ha querido decir Tchaykosky, Strauss, Verdi, Puccini, Lisenco, Lehar, Sorozábal, Bizet, Cardillo y Donizetti, pues estos conformaron el contenido de la velada. No podía ser menos que la versión que nos ofreció de las obras de sus paisanos: “Eugene Oneguin”, “La Bella Durmiente”, “Taras Bulba” y fuera de programa la conocida melodía popular rusa “Achicharnia”, conocida por estos lares como “Ojos Negros”. Como no podía ser menos tuvo su gesto simpático y cómico con la correspondiente y sorpresiva caída del cielo del pato de turno pelado –por supuesto- y que ya hemos visto en anteriores conciertos de Año Nuevo a otros directores.
 

 

         Vaya por anticipado que no soy muy Straussiano pero, según mi criterio no llegó al alma en la versión del celebérrimo “Danuvio Azul”.

         La orquesta seria, profunda, sonoramente perfecta, empastada, con una afinación rayana en la exquisitez. Notabilísima la “flautín”, el percusionista Genial “Truenos y relámpagos” y,  el concertino que afinó y condujo la cuerda por los dificilísimos e intrincados vericuetos de la total unisonancia.
 

 

         Capítulo aparte forma los Tres Tenores, que fueron cuatro, pues fuera de programa y para grato deleite de los concurrentes, cantó nuestro paisano de Murcia Juan Gallego. Su versión de la Celebérrima “No puede ser” de La Tabernera del Puerto, de Sorozábal, ratificó que “si puede ser”. No soy profesional del canto pero creo que hay madera para hacer un buen tenor, es más: ¡ya lo es!. Le falta rodaje, y que sigan descubriéndole todos los recursos del bel canto, pues tiene voz grave, media y agudo límpido y poderoso. Fue una muy grata audición.
 

 

         Jesús Lavid y Juan Gallego

El trío que rezaba en los programas de mano estuvo a la altura de la notoriedad del concierto. La ausencia de José C. Marino fue suplida por Jesús Lavid, que ya es de todos conocido en estas tierras de aromas y cromatismos mediterráneos. Es un tenor de cierta edad, en momentos flaseados me quiso evocar el timbre personalísimo e inconfundible de mi gran amigo y gran tenor Gines Torrano, aunque salvando las distancias.
 

 

         Antonio P. Iranzo

         Fue gratísima la impresión que me produjo el aragonés Antonio P. Iranzo, poseedor de una voz preciosa, melódica, potente y a la vez dulcísima. ¡Cuán deliciosa su versión de “Dein Ist Mein Ganzas Hertz” ¡ de Frank Lehar.
 

 

         Andrés Veramendi

         El peruano Andrés Veramendi fue el detonante de la noche. Jovencísimo, pulcramente vestido zapatos de charol- fue una brisa, más bien una ráfaga- de viento fresco, que acariciaba el oído, insuflaba los pulmones del alma y nos contagiaba de la grandiosidad de unas músicas que adquirían plenitud, hondura, potencia, lirismo, poder, fe en sí mismo, y ayudaban a que las arias reverdecieran en toda su original frescura, belleza y perfección artística. Le queda un larguísimo camino, pero si a la juventud le acompañan la ilusión, el trabajo y la fé, llegará a metas insospechadas.

 

         Fuera de programa hubo “propinas” muy de agradecer, como La Marcha de los Reyes Magos, melodía popular de Provenza, con una orquestación preciosista y, como final de concierto un mosaico (popurrí) a cargo de la orquesta y los cuatro tenores con temas muy variopintos, acabando con la napolitana O solo mío” compitiando los ases líricos con los adornos trisados del agudo final. El concierto acabó –no podía ser de otra forma con la marcha Radisku. Para que decir del ambiente. El público, de pié, ovacionó una y otra vez, con palmas que humeaban el radiante y totalmente iluminado recinto del clásico, coqueto y recoleto Teatro Cervantes, que gracias a la gestión y organización  de la Asociación Lírica Amigos de la Zarzuela de Abarán, y al esfuerzo y la confianza depositada por la Directora de Concerlírica Internacional, Leonor Gago, está viviendo una etapa de resurgimiento del ostracismo en que estaba sumido.
 

 

         Vladimir Sheiko

        Y, como estamos en familia, va siendo hora de que el público tengamos seriedad y nos comportemos con la liturgia que estos actos conllevan. La puntualidad es esencial.

 

        Isa Carrasco, Pedro Cano, Leonor Gago, Javier Bernal y Jesús Cano

        En cuanto al comportamiento, en general, es loable. Sobra algún teléfono móvil, algunas toses y –quizá- un poco de cuidado en el vestido. 

Rogelio Gil Serna